miércoles, 28 de febrero de 2007
LE FALTAN PUERTAS A MI CASA
Las puertas son muy necesarias. En invierno padecí, hizo frío. Y aún se cuela, se cuela, se cuela... Además, mi gata va por ahí, sin barrera alguna, destrozando el papel de baño, bebiendo del inodoro cual si fuera perra, durmiendo en mi almohada y básicamente llegando a cualquier resquicio de mi hogar, llenándolo todo de pelos y ronroneando alegremente. No tiene límites. Me muerde muchísimo los pies. Durante las noches no hay manera de dejarla fuera. Ella viene, se recuesta a mi lado, espalda con espalda, espera a que yo esté un poco adormilada y entonces se espabila y empieza su frenética carrera nocturna. La peor parte es cuando entra a las habitaciones con piso de duela. El ruido, a esa hora en que no hay ruido, es insoportable. Escucho sus garritas apoyarse grácil y rítmicamente en pisos y muebles, tiqui tiqui tiqui tiqui. También la escucho dirigirse a la cocina y luego empezar a masticar, cronch cronch cronch. Aaagh. Pero a veces no escucho nada, y entonces la llamo. Ella responde "Prrr", corre hacia mí, y me llena de besos. Es buena, en el fondo. Pero hablábamos de las puertas. De no tener puertas. Ay, tiene muchísimos inconvenientes.
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)

No hay comentarios.:
Publicar un comentario